“Luego dirán que somos cinco o seis” por Francisco Aleu

El hecho -silenciado en determinados medios- de que el Defensor del Menor esté investigando el acoso y agresiones sufridas en Madrid por los jóvenes peregrinos de la JMJ pone de manifiesto el nivel de tolerancia de los promotores y actores de la kale borroka que asola las calles de la capital de España desde hace ya varios meses.

A este singular movimiento de amargados sin fronteras se le ha caído definitivamente la careta. No tiene mensaje ni patrón, y parece entregado a la cruzada radical promovida por un poderoso grupo multimedia empeñado en convertir las calles de pueblos y ciudades en escenarios de contienda bélica. Incurren en contradicciones tales como la de convertir a un sacerdote en portavoz de una marcha laicista o pedir a la Policía Nacional que desaloje a jóvenes de medio mundo de la Puerta del Sol arguyendo que el kilómetro cero pertenece “al pueblo”.

Por fortuna, cada vez son menos. Hoy menos que ayer, pero más que mañana. Los voceros de esta ralea que supuestamente vino a salvarnos tratarán de mantenerla viva dedicando ríos de tinta a la causa cada vez que a cuarenta amargados se les ocurra concentrarse en una plaza cualquiera con el deseo inconfensable de que a un policía se le caliente la porra.

Sé que pido un imposible, pero no estaría de más que el movimiento que ha contado con más eco mediático de la historia reciente se sentara a reflexionar acerca de los motivos por los que un millón y medio de jóvenes se reúnen en un lugar inhóspito -en el que lo mismo truena que se rompen los termómetros- para escuchar a un vejete de 84 años que no les va a decir nada que ya no sepan. Claro que ellos están por encima de todo eso porque representan al pueblo y los otros…, no son más que cinco o seis.

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