¿Quién fue San Antonio de Padua?

Uno de los Santos más venerados por la fe católica es San Antonio de Padua. Fue un hombre cuya devoción trascendió todo límite y fronteras, al punto en el que León XIII lo nombró “el Santo del mundo”.

Si bien fue conocido como San Antonio de Padua, su nombre real fue Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo. No fue sino hasta el momento de ingresar a la orden de Frailes Menores que decide cambiar su nombre a Antonio de Padua. Esto fue una señal de honra y devoción por el gran patriarca de los monjes y patrones titulares de aquella capilla donde fue recibido como monje franciscano.

De inmediato su don fue reconocido y admirado por muchos. Tenía una gran capacidad para hablar la palabra de Dios de un modo en el que todos podían participar. Conocía en gran manera las Sagradas Escrituras, por lo que sus sermones rápidamente le dieron popularidad.

San Antonio de Padua y sus sermones

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Se sabe que, en un momento los herejes de Rímini hacían oposición al pueblo que quería escuchar los sermones del Santo. En vista de ello, San Antonio caminó hasta la orilla del mar y desde allí gritó: “Oigan la palabra de Dios, ustedes los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar”. Luego de estas palabras, miles de peces acudieron a él y sacudían sus cabezas aprobando sus palabras. Aquel milagro no solo fue conocido por la ciudad, sino que también conmovió al pueblo, haciendo que los herejes cedieran.

Contaba con tan excelente capacidad de prédica que fue llamado ‘Arca del Testamento’ por Gregorio IX. Y es que sus sermones confrontaban los vicios sociales de su época, en específico la avaricia y la práctica de la usura. De acuerdo con las crónicas obtenidas de esta época, sus últimos sermones, predicados durante la Cuaresma de 1231 alcanzaron un gran éxito popular. Aun cuando las enfermedades le aquejaban, continuaba enseñando y escuchando las confesiones hasta el ocaso, en muchas ocasiones hacía esto en ayunas.

Se conoce a San Antonio de Padua como la persona canonizada en menos tiempo por la iglesia católica. Solo pasaron 352 días de su fallecimiento hasta ser reconocido como un santo el 30 de mayo de 1232.

Milagros de San Antonio

Muchos lo conocen como el Milagroso San Antonio a causa de su extensa lista de favores concedidos a sus devotos desde el momento de su muerte. Sus favores suelen manifestarse en pequeñas cosas, por lo que solo es necesario tener fe para poder apreciarlo. Sin embargo, a lo largo de su vida, realizó diversos prodigios que le permitieron ser canonizado luego de su muerte. Estos son los más resaltantes:

Techo celestial durante la tormenta

Tal era la popularidad de las prédicas de San Antonio que muchos seguidores venían de lejos a escucharle. Esto hizo que, en un momento la iglesia no tuviese el espacio suficiente para acogerlos a todos, decidiendo continuar el sermón al aire libre. De repente el cielo se cubrió de una gran nube, amenazando con una tormenta que ahuyentaba a los feligreses. En ese momento San Antonio les llamó y les prometió que la lluvia caería, pero no los tocaría a ellos. Efectivamente, la tormenta cayó, pero ni una gota tocó a los feligreses presentes en el sermón.

La mula en la Eucaristía

Uno de los milagros más populares de San Antonio de Padua es el de la mula en la Eucaristía. Un hombre retó al Santo a demostrar que Jesús está en la Santa Hostia. Para ello, el hombre dejó tres días sin comer a su mula. Luego de este ayuno llevó al animal a la puerta del templo y colocó un bulto de pasto fresco a un lado y al otro estaba San Antonio con una Santa Hostia. De inmediato la mula dejó el pasto, caminó hasta la Santa Hostia y se arrodilló.

Visitación del Niño Jesús

Cuando San Antonio todavía era un fraile, fue visitado por el Niño Jesús mientras el Santo se encontraba rezando en su habitación. Esta es la razón por la que las imágenes de San Antonio de Padua siempre lo muestran con el Niño Jesús en brazos.

Cuándo acudir a San Antonio de Padua

Siempre que algo se ha perdido, San Antonio es el ideal para encontrarlo. De igual forma, es el Santo propicio de los solteros que buscan la pareja ideal. Muchas mujeres tienen como tradición voltearlo hasta que les conceda un novio. Sin embargo, la iglesia rechaza esta práctica. La mejor forma de pedir es a través de la oración y la súplica.

Tan famoso es San Antonio que, la Basílica de Padua, erigida en su honor, recibe peticiones de feligreses a través de Internet. Ellos prometen colocar estas peticiones debajo de la tumba donde se encuentran sus restos mortales a la cual miles de fieles acuden cada año en agradecimiento por sus favores.

No existe explicación alguna acerca de la razón por la que se le pide por la aparición de los objetos perdidos. Sin embargo, puede que esta devoción se deba a un suceso relatado entre sus milagros, descrito en la ‘Chronica XXIV Generalium’ (No. 21): Un novicio escapó del conveto y llevó consigo un salterio valioso utilizado por San Antonio. El Santo oró para que su libro fuese devuelto y al instante, el prófugo novicio tuvo una terrible aparición que lo obligó a retomar el camino al convento y entregar el libro a su dueño.

Oración a San Antonio de Padua

No existe una oración a San Antonio en específico. Con el pasar del tiempo, los feligreses han creado muchas oraciones al ‘Doctor de la Iglesia’, como le decía Pio XII. Estas oraciones sirven para solicitar un milagro o pedir la resolución de un problema. Tal es su capacidad milagrosa que no solo puede conseguir objetos materiales o a personas, sino que también puede resolver problemas.

Esta es una de las oraciones más populares:

San Antonio obtenme la Misericordia de Dios esta gracia que deseo (se hace mención al favor solicitado).

Como tú eres tan bondadoso con los pobres pecadores,

no mires mi falta de virtud,

antes bien, considera la Gloria de Dios que será una vez más ensalzada por ti

al concederme la petición que encarecidamente hoy te hago.

Glorioso San Antonio de los milagros,

padre de los pobres y el consuelo de los afligidos, te pido ayuda.

Has venido a mi auxilio con amable solicitud y has aliviado con tal generosidad

que me siento profundamente agradecido.

Acepta esta oración como ofrenda de mi devoción y amor.

Continúa defendiéndome con tu protección y dame la gracia de poder un día

entrar al Reino de los Cielos,

donde cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Amén.

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