Tres monedas en Santiago

Devotos ante la imagen del Cristo de Medinaceli.

Once y media de la noche. La iglesia de Santiago se encuentra con las puertas cerradas, excepto una. En su interior, apenas hay una docena de personas que se colocan frente a la capilla de Jesús de Medinaceli, la única que permanece abierta y con luz. Entran, lo miran, depositan las tres monedas, tres oraciones y salen. El goteo es incesante. Está a punto de expirar el primer viernes de marzo y millares de devotos han acudido al encuentro con la imagen. El frío y la lluvia no han mermado la visita.

La capilla se presenta impecable. El Señor, con su túnica bordada en oro sobre terciopelo burdeos, sus manos cruzadas con un cíngulo de cuatro cordones y la aureola de rayos que circundan a la imagen que lleva el escapulario con la cruz trinitaria. Vuelven a caer tres monedas y salen en silencio oraciones y peticiones. El exorno floral es exquisito. Más de quince centros adornan la capilla compuestos por claveles rojos y anturios donados por devotos. La capilla contigua donde se ubica la pila bautismal rebosa centenares de flores.

La iglesia ha abierto a las 7:30. Por la mañana, el mal tiempo hizo mella en la clásica estampa donde una larga cola de fieles espera pacientes al encuentro con el Medineceli. Ya por la tarde, sobre las 20:30, el tiempo da una tregua y la cola llega hasta El Pimpi. Caen de nuevo otras tres monedas. Más flores y botellas de aceite a cambio de algo.

Un juego de candelabros bien calzados, colocados casi en V da luz a la efigie. La reja está abierta y escoltada por cuatro ciriales que invitan a la seriedad y al recogimiento. Finaliza este viernes. Dentro de unos días es Miércoles de Ceniza.

Fuente: elcabildo.org

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