Úbeda recuperó una parte de su historia

Treinta años es mucho tiempo. Es casi una anécdota para una cofradía de siglos, pero también casi la mitad de la vida de una persona y casi los años en los que ha estado cerrada al culto la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno, debido a la mala suerte y a la ineptitud de unos cuantos. Ha sido tanto el tiempo en el que se nos ha privado de poder rezar “como lo hacíamos siempre”, que una gran parte de los ubetenses ya ansiaba la reapertura de este íntimo lugar del centro histórico. Se notó mucho en la mañana del día 4 de diciembre, cuando una misa solemnísima era el prólogo de esta deseada reapertura al culto.

La iglesia de Santa María de los Reales Alcázares se llenó de fieles. Todos los bancos estuvieron repletos y casi no quedó una baldosa libre, ocupada por las personas a las que no les importó permanecer en pie durante más de hora y media. La cofradía lo había organizado todo con meticulosidad, tal y como corresponde hacer a quienes se sienten integrantes de una gran hermandad y depositarios de una memoria de siglos. Allí estuvieron los representantes de las demás hermandades, miembros reputados de la Agrupación Musical Ubetense, para interpretar el mágico y emocionante Misere, el grupo de cámara “Cantábile”, que solemnizó el acto más, si cabe. Allí acudieron en masa los fieles, muchos fieles, muchos más que los que componen la hermandad porque, en Úbeda, la devoción por Jesús Nazareno trasciende los límites de la cofradía, se mezcla con el pueblo cristiano y se pierde en los siglos que la han hecho afianzarse entre cualquiera de los creyentes, aunque haya quien no lo admita de buen grado. Decir JESÚS, en Úbeda, son palabras mayores y eso se notó en el silencio, en la devoción, en los suspiros y en las lágrimas de quienes no pudieron o no quisieron contener la emoción.

Ofició la misa el sacerdote Juan Ignacio Damas. El hecho de que en su homilía pasase de puntillas por aquello que todos habían ido a celebrar, no fue óbice para distraer a los fieles sobre el asunto que los había convocado.

Terminada la eucaristía las puertas de la capilla de Jesús, que habían permanecido cerradas a cal y canto, se abrieron de par en par bajo los sones del Miserere y muchas personas no pudieron contener la emoción, (también cierto dolor), manifestada en forma de lágrimas. Han sido cientos los ubetenses que se han quedado por el camino en estos casi treinta años de cierre, muchos de los cuales siempre repitieron aquella manida frase que venía a decir: “Dios quiera que vuelva a ver abierta la capilla de Jesús”. No fue posible en muchos de los casos y en la mente de sus familiares, esos ubetenses que hoy hacen la eterna procesión nazarena del Cielo, estuvieron presentes durante todo el acto de reapertura. Fueron momentos muy intensamente vividos y compartidos entre quienes allí estaban.

El trabajo de Laura y Esther, de Arte y Restauraciones Moreno, no ha podido ser más profesional y exitoso. La cofradía también ha estado muy pendiente de todos los detalles y del desarrollo de las obras y eso se ha notado. También se ha encargado de la compleja tarea de allegar los fondos. A quienes no la conocieron la hermandad les ha regalado un motivo más para volver a rezar, en el ambiente más propicio, íntimo y de extrema belleza.

En torno a las 13’00 horas, (la celebración comenzó a las 11’00), todavía quedaba gente atravesando esa cómoda escalera, que sustituye a otra mucho más angosta, para besar el pie de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tanto se ha echado de menos el poder hacerlo en esas condiciones que nadie tenía prisa y además el tiempo acompañó. Era lo normal en un día tan grande para la ciudad.

Fuente: cruzdeguia

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