Concluye la restauración del Cristo de la Humildad

Cuando una hermandad se plantea la restauración de una de sus imágenes suele pensárselo mucho y bien. Nuestras tallas no son sólo obras de arte. La ascendencia y el influjo que tienen sobre los cofrades va mucho más allá del valor material de la escultura que, en su día, realizó un insigne imaginero. Las imágenes de nuestras cofradías forman parte del patrimonio personal de cada uno de los cofrades, de su experiencia vital, de sus devociones y de sus afectos. Arriesgarse a una restauración fallida es algo que no está dentro de las propuestas que, con cierta frecuencia, han de barajar los miembros de las juntas directivas de las cofradías. Por este motivo, los directivos de la Real Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad y Nuestra Señora de la Fe quisieron ir a lo seguro a la hora de restaurar la deteriorada imagen de su Cristo. Apostaron por el valor en alza de Arte y Restauraciones Moreno, un taller regentado por dos jóvenes licenciadas, (las hermanas Esther y Laura), que además son paisanas nuestras.

No tiene ningún sentido “pagar el gusto y la gana” por acudir a firmas con decenas de años de existencia, que trabajan fuera de nuestra ciudad, cuando en Úbeda tenemos magníficos profesionales en muchas de las facetas del arte cofrade y no cofrade. Además el hecho de que la imagen se quede en Úbeda añade a la cofradía un plus de tranquilidad, aunque sólo sea porque los trabajos pueden ser supervisados con cierta frecuencia.

La hermandad de la Humildad había quedado muy satisfecha con la restauración y dorado del trono de su Cristo y tenía claro que serían Laura y Esther Moreno quienes debían acometer la delicada empresa de devolver al Cristo humillado el aspecto con el que lo concibiera el genial imaginero Amadeo Ruiz Olmos.

Los trabajos comenzaron sobre mediados del pasado mes de julio y no han estado exentos de complicaciones aunque, según manifestaron a Cruz de Guía Esther y Laura, “ha sido para nosotras un gran honor y una gran satisfacción el tener a Nuestro Señor tan cerca durante unos meses”.

Antes de emprender la labor de restauración se realizaron unas radiografías que han servido para mostrar la gran maestría de Ruiz Olmos, imaginero cordobés y creador de esta bella imagen. Está tallada en madera de pino de Flandes y fue realizada en el año 1954, para sustituir a la que en aquellos momentos se procesionaba, obra de Juan Cristóbal, porque según una leyenda urbana “no era del agrado del pueblo”.

Tras las pruebas diagnósticas iniciales, se comenzó por eliminar el repinte general de color verde intenso que afeaba la imagen, fruto de una intervención anterior y que difería en color del que se podía apreciar en el rostro, por haber sido éste eliminado años antes, en otra intervención anterior a la actual.

En la restauración a la que se ha sometido la imagen se ha recuperado la policromía original de Amadeo Ruiz Olmos, que se encontraba oculta bajo un repinte oleoso, de color verdoso muy oscuro.

Ni que decir tiene que repintar o repolicromar, algo que está muy de moda actualmente, no está exento de peligros para la policromía original de una imagen, ya que normalmente y con el paso del tiempo, suele levantar el original.

Bajo este repinte, posterior a la creación de la imagen, se encontró una policromía a base de veladuras, lo que ha complicado la labor de las restauradoras, al ser este tipo de policromías muy delicadas de tratar.

La policromía de esta imagen está trabajada, como hemos apuntado, con veladuras en colores terrosos y azulados, sobre un fondo de color almagra (ocre rojo natural) que en combinación visualmente nos dan ese aspecto tan característico con el que don Amadeo dotaba a su obra: colores sobrios, pastelosos y muy poca purísima.

Una vez limpia toda la superficie de la imagen, se procedió a la reintegración de las zonas de falta, para que la imagen pudiese lucir como en su día nos la dejó Amadeo Ruiz Olmos.

Fuente: cruzdeguia

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