La Caída muestra al mundo la grandeza de las cofradías

Todo comenzaba con una urgente reunión de la directiva, convocada por el hermano mayor, para el día 9 de octubre. En esa reunión se ponía en conocimiento de los directivos que la organización de la JMJ, representada por don Javier Cremades, quería contar con la presencia del Cristo de la Caída en el vía crucis del 19 de agosto de 2011.

Se analizaron las ventajas y los inconvenientes y se acordó consultar al obispado y a los cofrades de la hermandad. Dado que ya era un secreto a voces, el día 28 de octubre se hizo pública la noticia de que la junta directiva sometería a la opinión de los hermanos esta participación. Luego llegaron reuniones con el alcalde y con el obispo, mientras se diseñaban planes para publicitar el evento y obtener fondos para su financiación.

Hasta hace sólo unos días, la cofradía ha trabajado para dejarlo todo atado en una primera fase. La segunda fase, la del traslado de la imagen a Madrid, conllevará igualmente un ingente esfuerzo, pero lo peor ya ha pasado, porque todo está milimétrica y concienzudamente programado.

El vía crucis comenzará a las 19’30 horas y serán catorce los pasos que se colocarán a lo largo del Paseo de Recoletos, ante cada uno de los cuales se rezará una estación, realizándose la estación número 15 en la Plaza de Cibeles, donde finalizará el recorrido. Nuestro Padre Jesús de la Caída representará la sexta estación: Cristo caído camino del Calvario.

El Papa Benedicto XVI, subido en el vehículo papal pero muy lentamente, pasará por delante de todas esas imágenes, a la ida y a la vuelta. Se trata de imágenes que representan a la Semana Santa española y a sus cofradías y que llegarán a Madrid desde 13 ciudades diferentes de la geografía nacional y desde 6 Comunidades Autónomas distintas. Finalizado el vía crucis, las hermandades regresarán, en solemne procesión, a los templos de acogida, lo cual de producirá en torno a las 3 ó las 4 de la madrugada del sábado 20 de agosto.

Millones de personas asistirán a este evento a través de la televisión y por unos minutos se hablará en todos los continentes del ubetense Cristo caído, de nuestra ciudad, de nuestra Semana Santa, de nuestra fe y de nuestra devoción por Jesús, por su pasión, por su muerte y sobre todo por su resurrección y por todo lo que ella lleva consigo.

Son varios cientos de ubetenses los que se han acreditado para acompañar a la hermandad en el viaje que ésta ha organizado y otros tantos los que, de forma privada, asistirán a este magno acontecimiento. La delegación ubetense estará encabezada por el Obispo de la Diócesis de Jaén, D. Ramón del Hoyo López y la compondrán miembros de la directiva de la cofradía, con su hermano mayor a la cabeza, representantes de nuestras hermandades y órganos cofrades (Unión y Arciprestal de Cofradías), clero ubetense (encabezado por el arcipreste Damas), así como por representantes municipales, cofrades y devotos en general, para muchos de los cuales este acto tiene la especial significación de que supone un enorme espaldarazo para la llamada religiosidad popular, que mueve a tantas personas en nuestra ciudad, para llevar el mensaje de Cristo a sus calles y para vivirlo y renovarlo dentro de los templos. Este espaldarazo llega de la mano de la máxima autoridad de la Iglesia Católica: Su Santidad el Papa Benedicto XVI.

Muchos meses han pasado desde el anuncio de esta participación e ingente ha sido el trabajo de unos directivos y de algunos colaboradores que, desde el día siguiente a su asamblea general, se pusieron a trabajar sin descanso, pensando en la JMJ desde la mañana a la noche, afrontando problemas, inconvenientes y cuestiones tan novedosas para ellos como las relacionadas con el protocolo, los patrocinios, la seguridad, el transporte de obras de arte, en reuniones con la organización del evento y de junta directiva, en encuentros con empresas, con particulares, con administraciones públicas y con la jerarquía eclesiástica, que desde el primer momento se sumó al proyecto con ilusión.

La cofradía ha puesto en marcha distintas iniciativas, tanto para dar a conocer su participación en la JMJ, como para recaudar fondos de cara a trasladar a Madrid imagen y trono con el enorme despliegue logístico que dicho traslado requiere. Ha habido que moverse mucho para conseguir financiación sin que todo lo que rodea a este viaje suponga una carga para las arcas de la hermandad, que siempre ha tenido muy claro que este asunto no podía distraer su atención de lo que es la marcha cotidiana de la centenaria cofradía, que dedica sus fondos a la caridad, al culto y a la conservación y mejora de su patrimonio.

Han realizado festivales, rifas, ventas de camisetas, corbatas, sellos y sobres conmemorativos… Han pedido dinero a las empresas, han recibido algún portazo pero han perseverado y otras puertas se les han abierto. Sólo ellos saben de pesadillas, de contrariedades, de horas robadas al sueño, al ocio y a la familia.

Toda esta trastienda de preparativos es sólo “el aperitivo”. El día 16 de agosto una avanzadilla se trasladará a Madrid con su Cristo. Allí permanecerán muchos de los directivos, hasta el día 20, en que regresarán a Úbeda. Durante esos cinco días rendirán culto a Jesús de la Caída, lo mostrarán orgullosos a quienes se acerquen a la Colegiata de San Isidro, explicándoles que el Cristo es de Benlliure y que ellos son de Úbeda, con el postín de quienes se sienten importantes por méritos propios.

Asistirán a la Misa Pontifical, oficiada por los prelados de las diócesis de Jaén, Madrid, Granada y Jerez y en la madrugada del día 19 trasladarán a Jesús, sobre su trono, al Paseo de Recoletos, lo guardarán, como oro en paño, durante todo el día y participarán en el vía crucis de la Jornada Mundial de la Juventud y en la procesión final.

Al acercarse el alba del día 20 y casi exhaustos por el esfuerzo, lo prepararán todo para regresar a Úbeda, con la satisfacción del deber cumplido y con el convencimiento de haber participado en algo histórico, en un evento que jamás volverán a ver y que, durante todas sus vidas, recordarán con la íntima satisfacción de los hijos que han hecho lo que debían para con su Padre. Seguramente volverán fortalecidos en la fe, repletos de imperecederas y profundas vivencias y con las pilas cargadas para seguir empujando a su cofradía y a nuestra Semana Santa a través de la senda trazada por sus ancestros, hace decenas de años.

Fuente: cruzdeguia

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