“Semana Santa de Sevilla. Teorías y Realidades” de Manuel Jesús Roldán y Antonio Sánchez Carrasco, próxima publicación de ABEC editores

La incapacidad para la comprensión que expresaba Núñez de Herrera respecto a la Semana santa sevillana se condensa en el amplio territorio que va desde su teoría a su realidad. Tan cerca y tan lejos. Un fenómeno inabarcable en el tiempo (dura una semana que es toda una vida), y, aún menos, en su comprensión. Todo un compendio de la tópica dualidad sevillana que se justifica en el recuerdo de la Pasión y Muerte de Jesús y que se concreta en una fiesta que trasciende la razón. Es fe y es realidad, es lo sublime y es lo vulgar, es Arte y artesanía, es lo grandioso y lo anecdótico, es la liturgia de lo sagrado y de lo profano, la muerte y la vida, el llanto y la alegría, los silencios y los sonidos, el negro de ruán y el blanco de palmas, lo real y la apariencia, la verdad y la hipocresía, la sencillez y la vanidad, la mesura y la desmesura, el sentimiento colectivo y la intimidad personal, el gran teatro barroco y el gran teatro del mundo, es ver y dejarse ver, lo divino y lo humano, lo sentimental y lo sensual, Dios hecho madera y dioses de virutas humanas, la memoria y el presente, el tránsito de lo que se fue a lo que nunca más se volverá a ser.

La Semana Santa de Sevilla tiene algunas teorías e infinitas realidades. La más representativa muestra de una ciudad que se refleja en escenas y momentos que van de la más tópica postal a la más mundana realidad. Días en los que siente y nada más. Días que consiguen provocar una unanimidad inusual en la ciudad: puede provocar cualquier reacción salvo la indiferencia.

Fuente: elrinconcitocofrade

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