Esperanza de Triana no salió por la lluvia por segunda vez en su historia

Por primera vez desde el año 1847, la Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de las Tres Caídas y Nuestra Señora de la Esperanza no efectuó su estación de penitencia a causa de la inestabilidad atmosférica. Así lo ha decidido la Junta de Gobierno en Cabildo de Oficiales.

Datos históricos

Repasando un poco los anales, es la segunda vez en la historia que la cofradía no acudirá a la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla, pues la primera vez que se hace estación al mayor templo de nuestra Archidiócesis fue en 1845.

Es más, como dato curioso ha de indicarse que cuando en el referido año de 1847 la corporación decide no salir, la Hermandad residía en la actual Capilla de los Marineros, antes de que fuese desposeída de ella para tener que trasladarse al Convento de San Jacinto.

Igualmente hay que decir que desde 1868 y hasta 1888, la Hermandad tampoco realiza su estación de penitencia pero no por lluvias, sino porque la corporación se encontraba por aquellas fechas un tanto aletargada, reanudándose la salida procesional en la madrugada del Viernes Santo de 1889.

Así mismo, en 1928 la cofradía tampoco salió en la madrugada debido al fuerte aguacero que cayó, aunque sí realizó su estación de penitencia a las tres de la tarde del Viernes Santo, cuando por aquel entonces se podía salir en otra jornada porque hubiese llovido en la que le correspondiese a la cofradía en cuestión.

Igualmente, tampoco se salió en los años 1932 y 1933 debido a la II República. Por último, hay que indicar también, dentro de este repaso histórico, que la última vez que la Hermandad sale pero no llega a la Catedral por lloverle durante su itinerario fue en 1974.

El paso de misterio del Santísimo Cristo de las Tres Caídas se encontraba en Sierpes a la altura de Rioja, tomando por ésta última para alcanzar la Parroquia de la Magdalena, donde se refugió también el paso de Nuestra Señora de la Esperanza, volviendo en el alborear del día a la Capilla, lloviéndole nuevamente y hasta con más intensidad que a la ida.

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